Sea Otter no es solo otra fecha más en el calendario, es la fecha por excelencia. Una celebración llena de polvo y equipamiento en la que se celebra todo lo bueno de las bicicletas. Desde profesionales hasta aficionados, aquí es donde se reúne la tribu para charlar, probar tecnología y montar en bicicleta como locos.

Bienvenido a Monterey

Cada mes de abril, el circuito Laguna Seca Raceway se convierte en el corazón del ciclismo. Lo que comenzó como una carrera popular a principios de los años 90 se ha convertido ahora en todo un fenómeno: en parte carrera, en parte exposición y en parte fiesta.

Polvo, sol, lubricante para cadenas, tacos... Una sobrecarga sensorial en el mejor sentido. Los profesionales del WorldTour se mezclan con los aficionados del fin de semana, y todo el mundo sonríe. Sea Otter no es solo una competición, es una comunión.


Líneas rápidas y tiempos salvajes

Hay carreras para todos los gustos: carretera, grava, XC, DH, eslalon doble... incluso bicicletas eléctricas (si puedes soportar las burlas). Suenan los cencerros, ondea la cinta del recorrido y cada ciclista tiene su momento de gloria.

Es una mezcla a partes iguales de rendimiento y caos. Leyendas que se dejan ver por allí, niños que dan sus primeras vueltas, marcas que promocionan prototipos. Una vez que terminan las carreras, nos ponemos manos a la obra con las hidrolimpiadoras, quitando el polvo y enviando a los pilotos de vuelta a la pista para que sigan disfrutando.

El patio de recreo de los fanáticos de los coches

Para los amantes de la tecnología, esto es como Navidad. Todas las grandes marcas presentan el futuro: más ligero, más rápido, más atrevido (y sí, más rosa).

Muc-Off se hace notar cada año con sus equipos de neón, su caos de limpieza y todo lo demás. Es donde nacen las tendencias. Las bicicletas de gravel, las bicicletas eléctricas, las tijas telescópicas en las bicicletas de carretera... Todas ellas comenzaron como ideas locas en Sea Otter antes de extenderse por todo el mundo.

Más que un festival

Pero la magia no está en la tecnología, sino en las personas. Familias acampando, niños persiguiendo autógrafos, cervezas a altas horas de la noche y grandes historias.

Os vais con polvo en los pulmones y una sonrisa que se niega a desaparecer. Sea Otter nos recuerda a todos por qué nos enamoramos de las bicicletas en primer lugar: la libertad, la diversión, la obsesión.